#HOYSUENA: FENÓMENO TABURETE

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He estado en un concierto de Taburete… ¡y he alucinado! Las cosas como son. Pero empecemos por el principio. Yo también soy de las que pensé que estos chicos habían llegado donde habían llegado gracias a sus familiares y esto hizo que durante meses pasara, si quiera, de hacer una escucha rápida en Spotify. Además, tienen un nombre horrible. Así os lo digo. Fue un día, cuando por casualidad ‘shazamee’ una canción suya, cuando me sumergí en el fenómeno Taburete.

Me encantó la voz de Willy Barcenas, me parece que es de esas voces personales y reconocibles. Algo que ya de por sí es un punto a favor de un grupo de música.  La canción en cuestión, ‘Amos del piano bar’, desde entonces entró en bucle en mi playlist de favoritos.

Cotilla que es una me puse a investigar y me di cuenta de que mucho antes de que se montara el revuelo ‘hijo de’, los Taburete ya habían llenado dos noches seguidas La Rivera. Algo que ya le gustaría a más de un grupo de esos que todos respetais mogollón, por cierto. El otro día, en el Teatro Barceló entendí muy bien porque había sido así.

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Taburete han venido a llenar un hueco que llevaba huérfano décadas. Las bandas de pop pijo, y ojo que esto no es una crítica, que durante años reunieron quinceañeras enamoradizas y forraron carpetas. No estoy yo aquí para comparar a nadie, pero oye, ahí están Modestia Aparte u Hombres G. Solo por dar un par de nombres.

Los de Taburete, aunque con letras que para mi gusto tienen mucho que mejorar, son entregados y solventes en directo. Saben lo que su público quiere y se lo dan. Sus melodías son pegadizas y su cantante es de lo mas resultón. Que más puedes pedir.

En la antigua Pachá, encontré a cientos de críos auténticamente entregados. Se sabían las letras de arriba abajo y estaban dispuestos, además, a dejarse una pasta en merchandising.  La fórmula perfecta.

Creo que a ninguno de los presentes nos pidieron el carnet de afiliación a ningún partido antes de entrar al concierto, por cierto.

Supongo que levantar tantas pasiones hace que al mismo tiempo el odio sea también igual de exacerbado. Pero por lo que pude comprobar no parece que les importe demasiado, ellos están felices haciendo lo que hacen y encima están siendo recompensados. Ahora solo espero que sean capaces de surfear esta ola sin muchos problemas, que la fama es traicionera. Por el momento se han rodeado de un buen equipo y eso siempre es importante.

 

 

 

 

 

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